martes, 27 de febrero de 2018

belleza que encarna la idea de verdad en el arte...


The Last Supper

Desde el innovador fresco de La última cena de Leonardo da Vinci, hasta hoy se han realizado incontables versiones del tema incluyendo las pinturas de Tiziano, Caravaggio, Durero, Degas, Dalí y Warhol. De ahí, la dimensión del desafío artístico que encaró Sonia Falcone al pintar este óleo. Logró crearlo con una composición formal y expresión mística de tal fuerza y belleza que encarna la idea de verdad en el arte como la entendía Kandinsky. Movida por la  necesidad
interior” de amor al Creador pintó una obra conmovedora.

La perspectiva aérea no sólo la sitúa en un tiempo posterior a la visión de los futuristas influenciados por el descubrimiento del vuelo mecánico, sino que expresa su profunda fe en la perspectiva armoniosa que adquieren todas las vicisitudes humanas vistas desde arriba. En el centro aparece el símbolo del Espíritu Santo,

rodeado de una suave geometría alusiva a lo celeste. Un nuevo círculo muestra la acción de los discípulos con segmentos de amarillos y rojos y la imagen de sus manos. En el siguiente aparecen sentados y la dinámica de su comunión espiritual se representa con la intersección de triángulos de colores del naranja al violeta.

Sobre sus cabezas se forma un dodecaedro que culmina en la figura de Jesús, de pie y con los brazos extendidos, unificando con su luz el mundo humano y el infinito formado una miríada de azules que dan forma al misterio de la inmensidad.
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